top of page

Cannabis, legalización y derecho al placer

  • Foto del escritor: Jotvox
    Jotvox
  • hace 14 horas
  • 6 Min. de lectura

En los últimos años, con el surgimiento de los espacios de consumo en la Ciudad de México, también han aparecido múltiples voces y narrativas sobre lo que se debe y no hacer o visibilizar para lograr un avance a la legalización del cannabis.

Algunos discursos sostienen que lo que realmente abrió la puerta e impulsó legalizaciones en otros países fue la figura respetable de médicos, académicos y pacientes, y no la fiesta, el activismo de calle o el consumo cotidiano. Que la estrategia que funcionó fue mostrar al consumidor “aceptable” ante la opinión pública, sobre todo de los no consumidores, y dejar en segundo plano al joven, al artista, al colectivo barrial o a la comunidad que hace cultura desde la calle.

Creo que esta visión es interesante, pero también incompleta. Porque, si bien es cierto que la legalización ha ganado fuerza cuando se ha hablado de salud, economía y seguridad, también la cultura cannábica —la fiesta, la música, el arte, el disfrute y los derechos humanos— ha estado presente todo el tiempo como motor social y político desde hace mas de 30 años.


Un ejemplo claro es la declaratoria general de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que habla del libre desarrollo de la personalidad; este avance, impulsado por la sociedad civil organizada, habla de un consumo “lúdico” o, mejor dicho, consumo personal adulto, no de un consumo médico como tal.

Y este es el avance más tangible que se tiene hasta el momento.

Reducir la lucha a un relato de médicos y académicos es ignorar a quienes pusieron el cuerpo en las calles, a quienes asumieron el riesgo de fumar en público, organizar marchas, defender el derecho al placer y abrir espacios comunitarios.


Hablemos del derecho al placer y al libre desarrollo de la personalidad

El cannabis no es solo medicina y economía; también es placer. Y ese disfrute es un derecho, reconocido en México por la Suprema Corte de Justicia, que, bajo la declaratoria general, afirma que cada persona adulta tiene la libertad de decidir cómo vivir su vida, incluyendo fumar un porro para relajarse o para compartirlo en una fiesta.

Colectivas de mujeres cannábicas como Hijas de la Cannabis plantean que el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos también incluye la libertad de consumir sustancias por placer, sin estigmas ni violencia y en espacios seguros. Que el placer no debe seguir siendo invisibilizado.

“Derecho al placer y al libre desarrollo de la personalidad”
“Derecho al placer y al libre desarrollo de la personalidad”

El problema de la “respetabilidad”

Cuando se dice que la legalización solo se logró mostrando pacientes y académicos, en realidad se está aplicando la política de la respetabilidad: mostrar al consumidor “bueno” (enfermos, médicos, científicos) y esconder al consumidor común. Este discurso puede sonar estratégico, pero termina perpetuando la idea de que hay usos legítimos y otros que no lo son.

Se vende la idea del consumo “bien”, que está asociado a académicos, clases medias altas, en espacios privados, con deliveries a domicilio por aplicaciones “amigables”, en eventos bien producidos, marcas con etiquetas bonitas, CBD para dormir o relajarte, aceites e infusiones wellness; mientras que el consumo en espacios públicos, la protesta social, el arte y la cultura callejeros terminan siendo estigmatizados y criminalizados. Es decir, que aun con la creciente apertura, quienes menos recursos tienen siempre son los que terminan siendo invisibilizados y criminalizados.

Círculo de mujeres, Plantón 420
Círculo de mujeres, Plantón 420

🎭 Fiestas, arte y cultura como resistencia

Lejos de ser un obstáculo, la fiesta y la cultura han sido herramientas clave en la lucha por los derechos. Desde las Marchas 420 —que fusionan protesta y recreación— hasta acciones de desobediencia civil como lo fue el Plantón 420 frente al Senado, donde la resistencia se expresó con música, cultivo colectivo y performance artístico. La fiesta fue, y sigue siendo, una forma de decir: “Estamos aquí, existimos y merecemos respeto”.

Desde ese epicentro de protesta se gestaron iniciativas como la Iniciativa 420, la Capital 420, el Protocolo de actuación policía-pacheco y el ingreso del amicus curiae previo a la votación de 2021 sobre la declaratoria general de inconstitucionalidad. Se presionó directamente a senadores para sensibilizarlos sobre las necesidades de la comunidad.


Entrega en La Suprema corte de Justicia del Amicus Curiae 
Entrega en La Suprema corte de Justicia del Amicus Curiae 

Se fundó EMPACAN, una escuela de derechos humanos, comunicación y cultivo, donde cientos de personas de distintos estados se han graduado cada temporada. Se abrieron nuevos espacios y se diseñaron protocolos de convivencia y protesta civil pacífica.


Te comparto un ejemplo a travez del tiempo.


Distintos colectivos se unieron para compartir sus conocimientos en las ediciones de la EPACANN y de las Jornadas de Salud 420.
Distintos colectivos se unieron para compartir sus conocimientos en las ediciones de la EPACANN y de las Jornadas de Salud 420.
Cientos de alumnos de todo el país concluyeron sus clases; incluso hubo alumnos de otros países.
Cientos de alumnos de todo el país concluyeron sus clases; incluso hubo alumnos de otros países.

Algunos de los activistas que participaron el ejercicio anterior, ahora llevan la gestión de varios de los espacios 420 actuales, como Hijas de la Cannabis o La Comuna 420, donde DJs, artistas y docentes se turnan la oportunidad para tocar su música o compartir su conocimiento o mostrar y desarrollar su talento. También existen iniciativas como las rodadas cannábicas, partidos de fútbol y talleres, entre muchas otras expresiones. Todos esos actos recreativos muestran que la marihuana también forma parte de la cultura popular y de la comunidad. Invisibilizar eso es querer borrar una parte fundamental de lo que ha sostenido al movimiento.}

Se continuó con los esfuerzos educativos —un ejemplo de constancia e interés por compartir educación y cultura en espacios públicos—.
Se continuó con los esfuerzos educativos —un ejemplo de constancia e interés por compartir educación y cultura en espacios públicos—.

Por ello, es muy importante hablar sobre:


Una legalización con justicia social

Si la legalización quiere ser justa, debe incluir a todos los usos y a todas las personas. No basta con aceptar al paciente con receta médica o al empresario que abre un dispensario; también hay que respetar al joven que fuma con amigos en el parque, al campesino que la siembra, al artista que se da un toque para la inspiración y a la señora que cultiva en su azotea para relajarse.

ree

Una legalización inclusiva va más allá de evitar que los usuarios lleguen a las cárceles; debe contemplar un trato digno para todos, basado en la ciencia, la ética y los derechos humanos; la eliminación de antecedentes penales por portación o consumo; la apertura de espacios seguros y recreativos; la reparación del daño y oportunidades para las comunidades más afectadas; mecanismos de justicia social y apoyo a pequeñas cooperativas. Significa, sobre todo, no seguir culpabilizando al usuario recreativo. Porque la dignidad no depende de si usas la planta para curarte o para gozarla, sino de ser persona con derecho a decidir.


Conclusión

La legalización no puede construirse borrando a quienes han puesto el cuerpo en las calles. La fiesta, la música y el derecho al placer son también parte de la libertad que buscamos. Reconocerlo no significa negar la importancia de médicos y pacientes, sino completar el relato: la planta pertenece a todas y todos, y la justicia social solo llegará cuando dejemos de dividir entre “consumidores aceptables” y “consumidores incómodos”.

Creo que, si algo podemos hacer entre todos, es apoyar las distintas asociaciones o colectivos que buscan derechos humanos para los usuarios de cannabis. Hay distintas perspectivas y podemos sumarnos a las que más se adapten a nuestras necesidades o visión, sin juzgar a las demás expresiones, que nacen de distintos contextos, los cuales muchas veces no se parecen, y quizá no entendamos algunas cosas; pero luchemos juntos para que todos tengan el mismo derecho de expresarse, de protestar, de luchar y de ser visibilizados por lo que consideran correcto.

Deseo y confío en que cada día existirán en México más médicos, pacientes y académicos que tomarán la batuta en sus espacios y decidirán alzar la voz para defender la investigación, los tratamientos para el dolor, la epilepsia y muchos padecimientos más, o simplemente para apoyar a pacientes que buscan un final digno y en armonía. Estoy segura de que ahí estaremos, toda la comunidad 420, para apoyar.


Y, por último, ojalá que pensar diferente algún día se vea como eso: un pensamiento distinto e igual de válido, y no como señal de falta de inteligencia para entender, argumentar o buscar el bien común.

Porque, justo, no se trata de gritar más fuerte, sino de escuchar con más conciencia.

Erandeny.GY x Jotvox


Recuerda: TODO ESTÁ CONECTADO.

No te pierdas nuestras próximas entradas de blog:

  • Entrevista con Hugo Lemoy de Comuna 420

  • Perspectiva de Hijas de la Cannabis sobre sus nuevos espacios

  • Clubes cannábicos en España y su regulación


 
 
 

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación

2018 Jotvox. Creado por EGY

Logotipo, jotvox
  • alt.text.label.Instagram
  • alt.text.label.Facebook
bottom of page