Cannabis, legalización y derecho al placer
- Jotvox
- 30 ago 2025
- 6 Min. de lectura
En los últimos años, con el surgimiento de los espacios de consumo en la Ciudad de México, también han aparecido múltiples voces y narrativas sobre lo que se debe y no hacer o visibilizar para lograr un avance a la legalización del cannabis.
Algunos discursos sostienen que lo que realmente abrió la puerta e impulsó legalizaciones en otros paĆses fue la figura respetable de mĆ©dicos, acadĆ©micos y pacientes, y no la fiesta, el activismo de calle o el consumo cotidiano. Que la estrategia que funcionó fue mostrar al consumidor āaceptableā ante la opinión pĆŗblica, sobre todo de los no consumidores, y dejar en segundo plano al joven, al artista, al colectivo barrial o a la comunidad que hace cultura desde la calle.
Creo que esta visión es interesante, pero tambiĆ©n incompleta. Porque, si bien es cierto que la legalización ha ganado fuerza cuando se ha hablado de salud, economĆa y seguridad, tambiĆ©n la cultura cannĆ”bica āla fiesta, la mĆŗsica, el arte, el disfrute y los derechos humanosā ha estado presente todo el tiempo como motor social y polĆtico desde hace mas de 30 aƱos.
Un ejemplo claro es la declaratoria general de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que habla del libre desarrollo de la personalidad; este avance, impulsado por la sociedad civil organizada, habla de un consumo ālĆŗdicoā o, mejor dicho, consumo personal adulto, no de un consumo mĆ©dico como tal.
Y este es el avance mƔs tangible que se tiene hasta el momento.
Reducir la lucha a un relato de médicos y académicos es ignorar a quienes pusieron el cuerpo en las calles, a quienes asumieron el riesgo de fumar en público, organizar marchas, defender el derecho al placer y abrir espacios comunitarios.
Hablemos del derecho al placer y al libre desarrollo de la personalidad
El cannabis no es solo medicina y economĆa; tambiĆ©n es placer. Y ese disfrute es un derecho, reconocido en MĆ©xico por la Suprema Corte de Justicia, que, bajo la declaratoria general, afirma que cada persona adulta tiene la libertad de decidir cómo vivir su vida, incluyendo fumar un porro para relajarse o para compartirlo en una fiesta.
Colectivas de mujeres cannƔbicas como Hijas de la Cannabis plantean que el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos tambiƩn incluye la libertad de consumir sustancias por placer, sin estigmas ni violencia y en espacios seguros. Que el placer no debe seguir siendo invisibilizado.

El problema de la ārespetabilidadā
Cuando se dice que la legalización solo se logró mostrando pacientes y acadĆ©micos, en realidad se estĆ” aplicando la polĆtica de la respetabilidad: mostrar al consumidor ābuenoā (enfermos, mĆ©dicos, cientĆficos) y esconder al consumidor comĆŗn. Este discurso puede sonar estratĆ©gico, pero termina perpetuando la idea de que hay usos legĆtimos y otros que no lo son.
Se vende la idea del consumo ābienā, que estĆ” asociado a acadĆ©micos, clases medias altas, en espacios privados, con deliveries a domicilio por aplicaciones āamigablesā, en eventos bien producidos, marcas con etiquetas bonitas, CBD para dormir o relajarte, aceites e infusiones wellness; mientras que el consumo en espacios pĆŗblicos, la protesta social, el arte y la cultura callejeros terminan siendo estigmatizados y criminalizados. Es decir, que aun con la creciente apertura, quienes menos recursos tienen siempre son los que terminan siendo invisibilizados y criminalizados.

š Fiestas, arte y cultura como resistencia
Lejos de ser un obstĆ”culo, la fiesta y la cultura han sido herramientas clave en la lucha por los derechos. Desde las Marchas 420 āque fusionan protesta y recreaciónā hasta acciones de desobediencia civil como lo fue el Plantón 420 frente al Senado, donde la resistencia se expresó con mĆŗsica, cultivo colectivo y performance artĆstico. La fiesta fue, y sigue siendo, una forma de decir: āEstamos aquĆ, existimos y merecemos respetoā.
Desde ese epicentro de protesta se gestaron iniciativas como la Iniciativa 420, la Capital 420, el Protocolo de actuación policĆa-pacheco y el ingreso del amicus curiaeĀ previo a la votación de 2021 sobre la declaratoria general de inconstitucionalidad. Se presionó directamente a senadores para sensibilizarlos sobre las necesidades de la comunidad.

Se fundó EMPACAN, una escuela de derechos humanos, comunicación y cultivo, donde cientos de personas de distintos estados se han graduado cada temporada. Se abrieron nuevos espacios y se diseƱaron protocolos de convivencia y protesta civil pacĆfica.
Te comparto un ejemplo a travez del tiempo.


Algunos de los activistas que participaron el ejercicio anterior, ahora llevan la gestión de varios de los espacios 420 actuales, como Hijas de la Cannabis o La Comuna 420, donde DJs, artistas y docentes se turnan la oportunidad para tocar su música o compartir su conocimiento o mostrar y desarrollar su talento. También existen iniciativas como las rodadas cannÔbicas, partidos de fútbol y talleres, entre muchas otras expresiones. Todos esos actos recreativos muestran que la marihuana también forma parte de la cultura popular y de la comunidad. Invisibilizar eso es querer borrar una parte fundamental de lo que ha sostenido al movimiento.}

Por ello, es muy importante hablar sobre:
Una legalización con justicia social
Si la legalización quiere ser justa, debe incluir a todos los usos y a todas las personas. No basta con aceptar al paciente con receta médica o al empresario que abre un dispensario; también hay que respetar al joven que fuma con amigos en el parque, al campesino que la siembra, al artista que se da un toque para la inspiración y a la señora que cultiva en su azotea para relajarse.

Una legalización inclusiva va mÔs allÔ de evitar que los usuarios lleguen a las cÔrceles; debe contemplar un trato digno para todos, basado en la ciencia, la ética y los derechos humanos; la eliminación de antecedentes penales por portación o consumo; la apertura de espacios seguros y recreativos; la reparación del daño y oportunidades para las comunidades mÔs afectadas; mecanismos de justicia social y apoyo a pequeñas cooperativas. Significa, sobre todo, no seguir culpabilizando al usuario recreativo. Porque la dignidad no depende de si usas la planta para curarte o para gozarla, sino de ser persona con derecho a decidir.
Conclusión
La legalización no puede construirse borrando a quienes han puesto el cuerpo en las calles. La fiesta, la mĆŗsica y el derecho al placer son tambiĆ©n parte de la libertad que buscamos. Reconocerlo no significa negar la importancia de mĆ©dicos y pacientes, sino completar el relato: la planta pertenece a todas y todos, y la justicia social solo llegarĆ” cuando dejemos de dividir entre āconsumidores aceptablesā y āconsumidores incómodosā.
Creo que, si algo podemos hacer entre todos, es apoyar las distintas asociaciones o colectivos que buscan derechos humanos para los usuarios de cannabis. Hay distintas perspectivas y podemos sumarnos a las que mÔs se adapten a nuestras necesidades o visión, sin juzgar a las demÔs expresiones, que nacen de distintos contextos, los cuales muchas veces no se parecen, y quizÔ no entendamos algunas cosas; pero luchemos juntos para que todos tengan el mismo derecho de expresarse, de protestar, de luchar y de ser visibilizados por lo que consideran correcto.
Deseo y confĆo en que cada dĆa existirĆ”n en MĆ©xico mĆ”s mĆ©dicos, pacientes y acadĆ©micos que tomarĆ”n la batuta en sus espacios y decidirĆ”n alzar la voz para defender la investigación, los tratamientos para el dolor, la epilepsia y muchos padecimientos mĆ”s, o simplemente para apoyar a pacientes que buscan un final digno y en armonĆa. Estoy segura de que ahĆ estaremos, toda la comunidad 420, para apoyar.
Y, por Ćŗltimo, ojalĆ” que pensar diferente algĆŗn dĆa se vea como eso: un pensamiento distinto e igual de vĆ”lido, y no como seƱal de falta de inteligencia para entender, argumentar o buscar el bien comĆŗn.
Porque, justo, no se trata de gritar mƔs fuerte, sino de escuchar con mƔs conciencia.
Erandeny.GY x Jotvox
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